
Hace varios días Conatel adoptó una medida sancionatoria en contra de la planta televisiva Televen por la transmisión de la serie animada Los Simpsons en horario todo usuario.
El organismo tomó esta decisión aduciendo que la serie "no favorece la formación integral de los niños". Esta orden ha desatado controversia a nivel internacional.
Finalmente, la televisora puso al programa de nuevo en su parrilla, pero esta vez en horario supervisado, a las 7 p.m., y paradójicamente el horario anterior de la serie animada (11 a.m.) fue sustituido por la profunda, didáctica y enriquecedora serie Baywatch.
Si analizamos imparcialmente la decisión de Conatel, podemos llegar a concluir incluso que la medida fue correcta y ajustada a derecho. En efecto, Los Simpsons son una serie que trata tópicos que pudieran no ser aptos para niños. A diferencia de lo que muchos creen, Los Simpsons es una serie que bajo una máscara de risas fáciles esconde un sinfín de trascendentales temas, que van desde el sindicalismo, los peligros de la energía atómica, el medio ambiente, el matrimonio homosexual, la corrupción, la inmigración, hasta la guerra de Irak. Y es comprensible que los niños malinterpreten estos mensajes.
Lo verdaderamente preocupante, más que la razonable decisión de Conatel, es la salvaje y desmedida arremetida mediática de los medios de comunicación afectos al Gobierno en contra de esta serie. Desde VTV, RNV y Aporrea se está llevando una campaña de acoso y derribo contra este show. Incluso se celebró un foro llamado "La decadencia como entretenimiento" cuya finalidad era simplemente denunciar que Los Simpsons son un instrumento del imperio para ideologizar a los venezolanos y transmitir sus valores consumistas.
Sinceramente no se si reír o llorar. Imagino que estas personas nunca han visto un capítulo, porque el que lo haya hecho sabrá que esta serie se caracteriza por su aguda crítica de la sociedad norteamericana y de los valores capitalistas. Tenemos por ejemplo al Sr. Burns, dueño de la hipercontaminante planta nuclear.
El "capitalista explotador" por definición, exageradamente malvado, que disfruta despidiendo a sus trabajadores o coleccionando pieles de animales en extinción. Por el otro lado tenemos a Lisa, la inteligente joven, de tendencia izquierdista, que aboga por la salida de las tropas de USA de Irak y la conservación del ambiente. Curiosamente, el Partido Republicano, tan odiado por el chavismo, es representado en su "comando de campaña": el castillo del Conde Drácula, lleno de personajes maléficos planeando la mejor manera de ocasionar alguna calamidad.
Es evidente que la serie expone los problemas de la sociedad estadounidense y trata temas principalmente de ese país, pero en ningún momento lo glorifica ni trata de imponer su modo de vida. Su constante crítica y reflexión, como por ejemplo el constante recordatorio de la inexistencia de seguridad social universal en ese país, son prueba de ello. Precisamente, son los medios gringos de derecha los máximos detractores de la serie. La califican como inmoral y alegan que "no favorece la formación integral de los niños". Ciertamente curioso.
Cada día el chavismo se parece más a la derecha estadounidense, esa derecha rancia encabezada por George W. Bush.
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