En la convulsa actualidad venezolana, donde la polarización marca las relaciones interpersonales y el conflicto es el pan nuestro de cada día, uno de los pocos puntos donde todos coincidimos es en la importancia histórica del momento en el que vivimos. Es ahora que vamos a decidir la senda que ha de tomar nuestro país. Por eso es importante conocer en detalle los pros y los contras de los dos modelos ideológicos que se nos plantean: El Socialismo del siglo XXI y la Democracia Social.
El Socialismo del siglo XXI fue concebido por el alemán Heinz Dieterich en 1996 y desde el 30 de Enero del 2005 constituye la bandera ideológica del proyecto de Hugo Chávez Frías. Dicho modelo establece los pasos necesarios para elaborar lo que define como el Nuevo Proyecto Histórico. Este proyecto consta de tres estructuras fundamentales:
La primera es el Bloque Regional de Poder, que estaría constituido por el conjunto regional de naciones que comparten este proyecto, unidas en un modelo de integración marcado por las relaciones políticas en primera instancia. La segunda estructura es Bloque Regional de Poder Popular que correspondería a la coordinación continental de los movimientos sociales que apoyen a la implementación del Socialismo del siglo XXI.
Y la tercera estructura, la más importante, es la Economía de Equivalencias. Y es en esta pata donde cojea el proyecto del alemán. Dieterich propone lo que denomina como contabilidad de equivalencias, fundada en el valor del trabajo que implica un producto o servicio y no en las leyes de la oferta y la demanda. Este valor del trabajo se mediría por el tiempo de trabajo que precisa un determinado producto o servicio, además de los valores agregados a dicho trabajo. Esto constituye una labor imposible a nivel práctico, aun empleando la rosa de Peters y equipos informáticos.
En adición, esta tampoco considera la relevancia del superávit de producción y conservación de energía en relación a su consumo de un determinado trabajo (EROEI), lo que impide lograr un nuevo sistema de mayor eficiencia en producción y conservación de energía para la organización social.
No se puede obviar como lo hace el sociólogo que un mes de trabajo de un científico puede equivaler a 10 años de trabajo de un artesano, al lograr un nuevo sistema de mayor eficiencia, que redunda en bienestar para la sociedad. Por ejemplo, el desarrollo del motor de combustión interna no puede equivaler al trabajo realizado por el artesano (muy digno, vale resaltar) en el mismo periodo de tiempo.
Esto significa que el valor de un producto dependerá únicamente de su tiempo de elaboración. En el programa En Confianza de Ernesto Villegas, el ideólogo señaló que el vigilante de un hospital que trabaja 8 horas debe ganar más que un neurocirujano, que en una operación de 3 horas salva una vida. Es decir, desprecia el tiempo empleado por el médico para prepararse e ignora la especialización del trabajo. Esta visión indudablemente terminaría por estancar a nuestro país, porque con este modelo el incentivo para estudiar ciencias se pierde y el desarrollo tecnológico y científico se obstruye.
http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=150052
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