Ríos de tinta se han derramado en los últimos años a lo largo de todo el continente en referencia a la imperiosa necesidad de un verdadero modelo de integración regional.
Hemos oído propuestas de diversos sectores, pero todas han demostrado ser infructuosas. Y a medida que pasa el tiempo, vemos como en el resto del globo se consolidan los distintos bloques económicos. Latinoamérica sigue creciendo, pero a pasos pequeños, comparados con los saltos agigantados de China, la India y los Tigres Asiáticos.
Por razones históricas, económicas y energéticas, es imperativo que Venezuela tome junto a Brasil la batuta en el proceso de integración. Pero lo más importante es que este proceso sea de carácter social y económico, más que ideológico. Para que funcione este proyecto necesariamente debe trascender la retórica política. En un continente democrático, es normal que con el tiempo las distintas naciones fluctúen entre la izquierda y la derecha, y limitar al proyecto de integración a una determinada visión sería un suicidio.
En mi opinión, debería plantearse primero un periodo de unos 4 años de fortalecimiento de la industria nacional para hacerla más competitiva. Se debe llegar a un acuerdo con el sector privado, donde tanto gobierno como las empresas privadas se comprometan a jugar su rol, el estado invirtiendo parte del ingreso petrolero en subvenciones a la industria y las empresas en reinvertir parte de sus ganancias en tecnología, además de estimular la creación de nuevas empresas, siempre en sectores donde podamos ser competitivos a nivel internacional.
En este periodo se debe proteger a la industria con una serie de aranceles graduados de manera progresiva, que deben aumentar a nivel que el bien a importar tenga un mayor nivel de manufactura.
Estas subvenciones finalizarán, de manera paulatina al igual que los aranceles, para poder entrar en la siguiente fase, donde el proteccionismo no sea el protagonista sino el libre (y justo) comercio. De nada nos serviría abrir nuestra economía si esta no es lo suficientemente competitiva en los sectores donde hay un mayor valor agregado.
Pasado este periodo de fortalecimiento, utilizar la posición de liderazgo a nivel energético para impulsar la integración de la CAN con Mercosur, y de esta manera crear un gran bloque económico suramericano. De esta manera, con una industria fuerte, estaríamos en una mejor posición que en la actualidad para hacernos con el liderazgo regional. La única manera de lograr esto, es dejando de lado la agenda política, y centrándose en el aspecto económico.
Una vez conseguido este objetivo, se procedería a negociar tratados como bloque económico unido, con otros bloques o potencias económicas. La ventaja de hacer esto como conjunto es que de esa manera se puede conseguir una posición de mayor fuerza que al hacerlo cada país independientemente.
Por ejemplo, a la hora de negociar un posible tratado con USA, uno de los puntos vitales de la negociación debe ser el fin de los groseros subsidios a la agricultura por parte del gobierno estadounidense. Esto viola las reglas del libre comercio y aniquilaría una de las pocas ventajas comparativas de Suramérica. De todas formas, no todo se reduce a pactos económicos con USA (aunque por razones geográficas sería un socio lógico). TLCs con China, India, el bloque del pacífico o ASEAN (formado por los tigres asiáticos) la CEE. Hay que analizar todos los escenarios y presionar para lograr acuerdos que sean beneficiosos en realidad. El ALCA, por ejemplo, hubiera sido un fracaso rotundo en las condiciones planteadas.
Las objeciones de Lula y Kirchner fueron claras, los subsidios a la agricultura son la piedra de traba, posición que es diametralmente opuesta a la de Chávez que se niega de plano a ningún tratado con USA.
romulor@gmail.com
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